Mizu es el eje emocional y narrativo de la historia. Desde su nacimiento queda marcada por el rechazo social debido a su condición mestiza, algo profundamente estigmatizado en el Japón aislacionista del periodo Edo. Ese rechazo constante moldea su carácter hasta convertirla en una persona reservada, dura y extremadamente autosuficiente. Su obsesión con la venganza no surge solo del odio, sino también de la necesidad de justificar su existencia y darle sentido al dolor vivido. A lo largo de la serie se percibe una tensión constante entre su humanidad y su determinación violenta: aunque intenta convencerse de que solo vive para vengarse, en distintos momentos deja ver compasión, vulnerabilidad e incluso deseo de pertenecer.
Por eso Mizu representa no solo la venganza, sino también la búsqueda de identidad, el conflicto entre aceptación y rechazo, y la lucha interna entre la rabia y la posibilidad de sanar.